Ulises y un baile sin control – Pablo Layús
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Ulises y un baile sin control

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Se les complica y mucho a los organizadores mantener el control en los bailes. El fin de semana se observo material de una presentación de Ulises donde al final, la gente no aguanto y se puso a bailar. Se tuvo que cortar antes la presentación pero ya el protocolo había sido roto. Deberían hacerse con burbujas ?

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Que opinas? Amigos?

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Fue una de las noticias del día y por eso hice este informe. Pero necesita de tu opinión, por eso entra a mi cuenta de Instagram y dejame el comentario. Que te parece? Esta bien? Gracias por estar siempre….

El video fue realizado con un Motorola G9 Power!!

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Estafan usando el Anses

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El Gobierno Nacional dejo abierta la posibilidad de emitir subsidios utilizando el ANSES y los estafadores fueron más rápido que el propio Presidente y vía Wasap buscan estafar. Todo parece muy legal y utilizan una aplicación similar a la del organismo para obtener tus datos de la tarjeta

Presta atención en este informe !!

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Un negocio millonario: el traslado de los elefantes a los santuarios

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Durante una semana, las elefantas Pocha y Guillermina del Ecoparque de Mendoza, fueron torturadas con el fin de hacerlas ingresar a un contenedor que las iba a llevar a un santuario en Brasil. La verdadera historia que nadie se atreve a contar de un negocio corrupto que se aprovecha de las donaciones que la gente hace para cuidar a estos animales.


“Quien salva una vida, salva al mundo entero”.
(Proverbio hebreo, unido al recuerdo de Oskar Schindler)


Estoicas, como dos heroínas del olimpo, las elefantas Pocha y Guillermina soportaron hace unos días, las torturas más crueles que un ser humano le puede provocar a un animal. Con la excusa de trasladarlas a un santuario en el mato Grosso de Brasil, autoridades del Ecoparque de Mendoza, funcionarios, políticos argentinos, y personal que llegó del país vecino; fueron cómplices en esta maniobra inmoral y cavernícola.
El primer paso para conseguir trasladar a un elefante, es provocar que el animal ingrese de manera voluntaria al contenedor que se preparó especialmente para su traslado. Los que iban a llevar a Pocha y Guillermina, habían llegado a Mendoza en el mes de marzo y era necesario hacer un trabajo de muchos meses para conseguir el objetivo. Pero en el Ecoparque de Mendoza, todo se hizo mal. Por orden de la ingeniera Mariana Caram (la directora del lugar que también está denunciada en la justicia de esa provincia por maltrato animal y por un faltante de 470 ejemplares que nadie sabe a dónde fueron a parar), la adaptación se fue posponiendo y cuando tenían la soga al cuello, intentaron hacer el traslado a las apuradas, entre gallos y medianoche.
En el Ecoparque de Mendoza, las elefantas están en una fosa y el recinto tiene dos islas que forman una especie de 8 acostado, unidas por un pequeño pasillo. Pocha, la mamá, había quedado del lado donde estaban los contenedores, mientras que Guillermina se encontraba del lado opuesto. En el medio de esta barbarie, la historia de amor entre estas dos elefantas asiáticas.
La mamá. Pocha nació en el año 1965 en la India y llegó junto al Zoo alemán Tierpark Hagenbeck. Pisó Mendoza en 1968, con apenas tres años, y fue canjeada por otros animales. Diez años después, en 1978, Mendoza estaba conmocionada por el Mundial de Fútbol y porque la elefanta del zoológico estaba a punto de tener a su primera cría luego de 24 meses de gestación. Fue un macho, pero murió al momento de nacer… La tristeza de veterinarios y cuidadores del viejo zoológico duró varios años, hasta que el jueves 19 de noviembre de 1998, cerca del mediodía, el jefe de veterinarios del Zoológico mendocino Alberto Duarte, acompañado por un grupo de más de seis colaboradores, oficiaron de parteros y trajeron al mundo a Guillermina.

Pocha y Guillermina

La hija. Al momento de nacer la elefantita midió 80 centímetros y pesó 70 kilos. Por si se quedaba con hambre, luego de tomar la teta de su mamá, los cuidadores le diseñaron una mamadera gigante de cinco litros y un metro de altura. Ese nacimiento en tierras mendocinas, fue un verdadero milagro. Primero porque Guillermina (nombre que eligieron los chicos que iban al zoo) fue la primera elefanta en nacer en cautiverio en Sudamérica. Segundo, porque Tamy, su papá (quien hoy también se encuentra en el Ecoparque de Mendoza), estuvo a punto de ser castrado unos años antes…
El único macho que existe hoy en nuestro país nació en 1970 y trabajó durante 14 años en el Circo de los Hermanos Gasca en Chile. Tamy era tan rebelde y desobediente que pensaron en castrarlo. ¿Por qué se terminó salvando del bisturí? En ese momento, realizar esa operación era más cara que comprar otro elefante. Entonces en 1984, con 14 años de edad, los Gasca le donaron el elefante al zoológico de Mendoza. Ahí fue cuando se enamoró de Pocha y pasaron a la historia.
Por todo esto, Guillermina debería haber sido declarada “Patrimonio de los argentinos”, un orgullo y un milagro que solo ocurrió en Mendoza una vez en la historia. Y si bien es verdad que los zoológicos en Argentina y en el mundo tienen que reconvertirse (eso no está en discusión), y los animales deben ser enviados a distintos santuarios naturales para que disfruten de los últimos años de su vida en un hábitat natural, la pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿por qué enviarlos a 3.600 kilómetros de distancia si Argentina tiene un santuario de 1.200 hectáreas en Entre Ríos?

Un negocio millonario
Lamentablemente, detrás de muchas de las acciones que se hacen con los animales, hay negocios que sirven para llenar los bolsillos de personas que solo están en esto por el dinero que les representa. Solo para citar un ejemplo, cuando el santuario Global Elefantes de Brasil (lugar donde supuestamente serán llevados los cuatro elefantes del Ecoparque de Mendoza) inició una campaña virtual para recaudar fondos para construir un espacio para el hábitat de Tamy; ¡en apenas 24 horas recaudó casi 107.500 dólares! Pero acá no termina la historia. La cruzada solidaria siguió durante dos meses y en total se recaudaron 350 mil dólares.
Misteriosamente, de un día para otro, la iniciativa de “ayudar a Tamy” se bajó de la página oficial y nunca nadie dio explicaciones de que se hizo con todo el dinero recaudado. Hoy la casa de Tamy -con 350 mil dólares debería tener aire acondicionado, un jacuzzi gigante y una mega pantalla de LED para ver la película Dumbo en 3D-; aún no está terminada. Sorprende que este mismo santuario, que recauda plata desde el 2017 y ya consiguió millones de dólares, apenas pudo armar 28 hectáreas (divididas) con recintos para los elefantes.


¿Quién es el dueño de Global Elefantes de Brasil? ¿Un biólogo? ¿Un veterinario de animales exóticos? ¿Una eminencia de la medicina animal que tiene la oficina empapelada con diplomas de distintas universidades del mundo? Nada de eso… Su nombre es Scott Blais y según la entrevista que le dio el 13 de marzo del 2020 a la periodista Fernanda Jara de Infobae, él no tiene ninguna formación: “A los 13 años juntaba basura y cortaba el pasto en un Parque Safari de los Estados Unidos. Ahí empecé a hablarle a los entrenadores de elefantes porque me despertaban mucha curiosidad y dos años después ya los estaba entrenando”, confesó.
Hasta acá, todo normal. Un chico americano, amante de los animales, que se hizo de abajo y que consiguió trabajar con más de 30 elefantes. En la nota asegura que con un grupo de amigos decidió comprar una propiedad en Tennesse Estados Unidos, donde “fundó su primer santuario”. Luego, en el año 2015, creó el segundo santuario, el de Brasil, donde se llevaron a Mara (hace varios meses que están pidiendo una foto o un video con un cartel con la fecha actual y nadie da respuestas) y donde el Ministro de Ambiente y Desarrollo sostenible Juan Cabandié, autorizó a que se lleven a los cuatro elefantes del Ecoparque de Mendoza.
El detalle que Scott “olvidó” mencionarle a la periodista de Infobae, es que la verdadera fundadora del santuario de Tennessee es Carol Buckley, su ex pareja, quien habló para esta entrevista vía telefónica desde Asia y aseguró que “Scott la engañó para que ella pusiera todo a su nombre y la terminó despidiendo”. Hoy mantiene un juicio en la corte de cancillería del condado de Lewis de Tennessee para que le devuelva a Tarra, la elefanta que compró en 1975 y de la cual es la dueña. En primera instancia, la justicia de los Estados Unidos falló a su favor, pero un mes después del veredicto, el Santuario de Elefantes Tennessee presentó una apelación que le fue otorgada en septiembre del 2020.

Tammy

“Compré a Tarra cuando tenía un año –continua relatando Carol- y cuando cumplió 20, entendí que era el momento de buscarle un lugar mejor. En el año 1994 junté todos mis ahorros y los invertí en 112 acres (45 hectáreas), y una casa en la zona rural de Hohenwald, Tennessee, a 80 millas al suroeste de Nashville. Ahí construí un granero para Tarra, sin saber que estaba colocando la piedra fundacional del Elephant Sanctuary en Tennessee, el primer refugio de hábitat natural para elefantes enfermos, viejos y necesitados. Un año después conocí a Scott en Canadá, que en ese momento era entrenador de animales, y se convirtió en mi pareja”.
Al poco tiempo se fueron a vivir juntos y Carol vendió la casa que heredó de sus papás para ampliar el santuario. Hasta que en 2006, una tragedia acabó con todo. Así lo relata Carol: “Mi mano derecha era Joanna Burke, quien había trabajado con nosotros ocho años y yo la veía como mi sucesora. Una mañana estaba junto a Scott bañando a Winkie, un elefante que había llegado seis años antes de un zoológico de Wisconsin. En medio del baño, Joanna y Scott comenzaron a besarse. Mantenían una relación a mis espaldas. El elefante golpeó a Joanna y la pisó. Murió al instante… Después de eso nos separamos y Scott convenció a la junta para que me despidiera y se quedó con todo”.
Parte de esa historia entre Blais y Buckley, se va a definir en los tribunales de los Estados Unidos. Pero no es Carol la única mujer que no tiene buenos recuerdos de Scott. Al parecer, el hombre que recauda millones de dólares por el mundo, dinero que asegura “utiliza para trasladar y mejorar la vida de los elefantes en sus santuarios” (sólo en la Argentina recaudó plata por 5 elefantes y hasta ahora solo pudo trasladar uno), tiene un pasado oscuro, lleno de maltratos hacia aquellos animales que hoy tanto ama.
En el año 2014, la escritora norteamericana Carol Bradley (sí, a Billie lo persiguen las Carol), escribió un libro titulado Last Chain on Billie (Las últimas cadenas de Billie) en el que cuenta la conmovedora historia de un elefante de circo llamado Billie, y también denuncia a los entrenadores más crueles. En las página 96, relata una anécdota del actual presidente del santuario Global Elefantes de Brasil: “Scott era el jefe de los entrenadores y maltrataba a los elefantes. Era tanta la bronca que le tenían los animales que la elefanta Kitty intentó matarlo. Cuando pasó esto, Blais enloqueció y ante la vista de todos, durante 30 minutos, torturó a la elefanta con el extremo afilado de su bullhook, el gancho que utilizan para cortarlos y maltratarlos”. Una pena que las autoridades argentinas, varios famosos, y algunos influencers; apoyaran estos traslados sin haberse tomado el tiempo de por lo menos poner el nombre de este señor en el buscador de Google.

Un traslado incierto
Para ser justos, no toda la gente que participó del intento de traslado de Pocha y Guillermina, forman parte de este negocio. En Argentina hay veterinarios y cuidadores que aman a los elefantes y que están convencidos de que el traslado al santuario es la mejor opción para la mamá y para su hija. Pero los métodos crueles y aberrantes que utilizaron para intentar subirlas al contenedor, convencieron a todos que a veces, el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Comandados por el alemán Ingo Schmidinger (quien también tiene varias denuncias en su contra por maltrato animal), las elefantas estuvieron una semana sin comer y se las intentó subir a los containers a hondazos y a fuerza de picana eléctrica.
A Pocha consiguieron meterla pero a Guillermina no. La elefanta más joven se puso muy violenta por las agresiones que estaba sufriendo y en un momento reaccionó: con su trompa golpeó la cabeza de Esteban Guevara, uno de los dos cuidadores argentinos (en el frustrado traslado también participaron las entrenadoras norteamericanas Karissa Reinbold y Chrissy Pratt, y el argentino Daniel Macari) que hoy se encuentra internado con traumatismo de cráneo en la Clínica Italiana de Mendoza. Lo increíble de esta historia es que cuando Esteban llegó al sanatorio, le dijo a los médicos… “¡qué se había caído de la bicicleta…!”.


El abogado Martin Francolino, en representación de Juan Manuel Paccot, presidente de Tekove Mymba, el santuario que Argentina tiene en Entre Ríos, presentó un habeas corpus para intentar frenar los traslados. Y luego de la decena de denuncias que se produjeron el fin de semana por parte de la gente que estaba adentro del Ecoparque, el concejal mendociono Luis Alberto Giachino, acompañado por la diputada provincial María Mercedes Llano, por el ingeniero agrónomo Arnaldo Hugo Roatta, y por el arquitecto Roberto Daniel Dabul; presentaron una denuncia ante el fiscal de estado de la provincia de Mendoza, Fernando Simón, en la que hacen saber: “La situación de maltrato extremo a las que fueron sometidas las dos elefantas del Ecoparque de Mendoza, que pretender ser trasladadas a una cuestionada reserva en Brasil”.
Aunque ayer la mayoría de los medios argentinos anunciaron que “Es inminente el traslado de Pocha y Guillermina”, hoy está en manos de la justicia definir si esto es viable o no. También hay que agregarle el lapidario informe (al que tuvimos acceso para esta nota pero que preservar hasta que se haga público) que la brigada de control ambiental -llegó a Mendoza el domingo desde Buenos Aires luego de las denuncias por maltrato- dejó sobre el escritorio del ministro Juan Cabandié, un hombre clave en este proceso. Hace dos meses había dicho públicamente en una entrevista en la TV Pública que “No se iban a trasladar más animales a santuarios fuera del país”. Misteriosamente, hace unas semanas, cambió de opinión y aprobó los permisos para el traslado de Pocha y Guillermina.

Dr Francolino

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CORDOBA

Urquiza

@adosmanoscocinanatural

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